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  • delaespriellasofia5

¿Qué efectos puede tener el aplazamiento de las segundas dosis de la vacuna contra el Covid-19?

“El retraso de la segunda dosis no representa un riesgo en la salud individual pero hará más demorada la salida de la crisis pública” Ignacio Zarante.


Durante los últimos días, el aplazamiento de las segundas dosis de la vacuna Sinovac ha generado múltiples debates sobre los efectos que podría generar en la salud individual y en la salud pública este retraso. Llevamos más de un año viviendo esta pandemia y pese a que hemos aprendido bastante, todos los días surgen nuevas incógnitas que llenan de incertidumbre a todas las personas del mundo. La difusión de información falsa, carente de respaldo o de explicación científica ha jugado en contra en la lucha contra el virus. Por eso, he entrevistado al médico genetista, Ignacio Manuel Zarante, quien preside la Asociación colombiana de Médicos Genetistas y es profesor del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana.



*Nota: la entrevista se basa en seis vacunas contra el covid-19. Moderna y Pfizer que utilizan el mecanismo del RNA mensajero, Johnson & Johnson y Astrazeneca que trabajan con adenovirus y la de Sinovac y Sputnik V que son de virus atenuados.


¿Para qué sirven las segundas dosis de las vacunas contra el Covid-19?

El componente principal de las vacunas, en el caso de las que tienen información genética, es el RNA mensajero o el ADN. Lo que este mensajero hará es construir la proteína del virus pero solo para entrar a las células y nada más. Las otras vacunas, como Sinovac, lo que tienen es un virus inactivo: como si uno se infectara pero ese virus no le hace daño, lo que sí hace es que el sistema inmune responda. Las vacunas no solamente tienen el RNA o el virus, también tienen elementos que se llaman adyuvantes: sustancias o preparados químicos que potencian la respuesta inmune del cuerpo. Cuando entra el virus al cuerpo, los adyuvantes dan una sustancia que excita el sistema inmune y eso hace que la respuesta del cuerpo sea mucho más fuerte contra el virus.


Lo otro que sabemos en inmunología, es que cuando hay una exposición a un agente microbiológico como un virus y pongo una vacuna, los anticuerpos se elevan para protegernos contra el virus. Ahora, los estudios demuestran que al poner una segunda dosis, esa segunda dosis refuerza y potencia la primera. Por eso, quienes se infectan del virus, les sugieren usar solo una dosis de Pfizer, por ejemplo, porque la primera estimulación fue con la infección natural y lo que hace la dosis de vacuna es potenciar esa respuesta del sistema inmune y eso va a mantener protegida a la persona.


¿Qué pasa si no se aplica la segunda dosis?

Si no se aplica nunca la segunda dosis, la protección es menor. Estamos hablando de cifras que están entre el 20 y el 60 porciento de protección. Es decir, algunas personas sí quedan protegidas pero lo importante es pensar cómo se reduce el porcentaje de efectividad sin la aplicación de la segunda dosis contra la infección leve, la infección grave o contra la muerte, son tres cosas bien diferentes. Acá bajan las efectividades de las tres pero también depende de qué vacuna se esté analizando. Es necesaria la aplicación final de ambas dosis de Sinovac para garantizar la inmunidad.


¿Qué pasa si no se aplica la segunda dosis en los tiempos inicialmente establecidos?

Lo que se está estudiando es que al parecer, retrasar la segunda dosis de la vacuna de Sinovac (que es una vacuna de virus inactivo) , genera un efecto de mayor potenciación en la producción de anticuerpos. Lo que estaba propuesto inicialmente era aplicar la segunda dosis en el día 28, pero hoy en día están viendo que podría ser al doble de días o incluso a los 84 días. Esto generaría una respuesta mayor del cuerpo. Ahora, como el problema es de salud pública, el riesgo es que durante esos 84 días, las personas están menos protegidas a que si tuvieran ya aplicada la segunda dosis. No es verdad que si se aplica la segunda a los 52 días se perderá la primera dosis, inclusive puede generar un efecto de protección mayor en la persona. En cuanto a Pfizer o Moderna, parece que atrasar la segunda dosis no es muy útil. Porque las vacunas de RNA parece que mantienen el tema de 21 y 28 días. Retrasar la segunda dosis, en este caso, sí podría disminuir la efectividad, pero todo esto sigue en prueba, no hay estudios concluyentes al respecto.


Si se demuestra de forma concluyente que la segunda dosis de la vacuna de Sinovac realmente genera mayor protección ampliando el periodo de tiempo entre la primera y la segunda dosis, ¿qué es más importante priorizar en este momento de crisis: la aceleración de aplicación de primeras dosis o la inmunización completa (ambas dosis) así sea en menor cantidad de personas?

La estrategia del Reino Unido fue cubrir a mucha más gente con primeras dosis que completar ambas dosis. La cuestión ahí es que Sinovac y las otras vacunas que trabajan con el virus inactivo, tienen menos efectividad con la primera dosis que las vacunas de RNA mensajero. Es una decisión muy difícil de tomar porque juegan muchas variables. Poner muchas más primeras dosis de Sinovac, podría tener un efecto de tener más gente infectada porque sin la segunda dosis no hay una protección completa y hay una falsa sensación de seguridad. Sin embargo, en ese caso de Sinovac igualmente no es posible establecerlo aún con completa certeza. Si finalmente se concluye la positividad de postergar la segunda dosis igualmente, como es un problema de salud pública, el tiempo es el que juega en contra porque con una sola dosis aún hay riesgos de contagio y lo que en este momento se está buscando es llegar lo más rápido posible a una verdadera inmunidad de rebaño.


¿Qué pasa con la combinación de diferentes vacunas para generar mayor protección?

Lo primero es que es una estrategia que no les gusta a los laboratorios porque perderían dinero, así que estudios realizados por las propios laboratorios, es muy difícil que haya. Seguramente habrá lo que denominamos “estudios secundarios por error”, aquellas personas que por error se aplican dos vacunas diferentes. Analizaremos qué pasa con esos casos, pero esto se demora hasta que haya una muestra significativa, más o menos hacia final de este año. Lo que se puede prever desde la ciencia es que lo más lógico es que sí se puedan combinar vacunas de RNA (Moderna y Pfizer) porque tienen un mecanismo muy parecido o la de Johnson & Johnson con la de Astrazeneca porque son de adenovirus y la de Sinovac con la Sputnik V porque son de virus atenuados. Desde la teoría, suena lógico combinar dos vacunas que tengan mecanismos parecidos pero tocará aprobarlo respectivamente. Ahora, combinar vacunas de mecanismos diferentes no se sabe todavía qué podría pasar. Tendríamos que esperar resultados concluyentes de estudios independientes y no es bastante común que haya suficientes voluntarios para este tipo de estudios de combinaciones de vacunas.


¿Qué tan posible es que exista la necesidad de una tercera dosis de la vacuna de Pfizer?

Hay que analizar primero que los presidentes de estas farmacéuticas cumplen dos roles. El primero de mercadeo y el segundo de científico y salubrista. No podemos olvidar que hay intereses económicos de los accionistas de estas farmacéuticas. Cuando se hace una declaración de este tipo, lo que esperamos ver es la evidencia que la respalde y esa afirmación no salió soportada con datos. Así que por ahora es un tema de manejo y movimiento de mercados. La comparación con el virus de la influenza también tiene que verse con mucho cuidado porque la influenza tiene muchas diferencias biológicas con el virus del SARS-CoV-2. La principal es que el SARS-CoV-2 muta muy poco comparado con la influenza. Igualmente, la influenza hoy en día no nos limita tanto porque no representa una crisis de salud pública. La mayoría de las personas que se vacunan anualmente tienen edades avanzadas o comorbilidades. Si la pandemia del covid-19 se hubiera detenido antes, podríamos decir casi con completa seguridad que no habría necesidad de una tercera dosis o de un refuerzo anual. El problema es que como la pandemia ha crecido tanto, estamos expuestos a que aparezcan variantes de forma tan rápida que existe la posibilidad de que se deban aplicar dosis nuevas de refuerzo, pero eso sigue en el campo de la teoría y de las hipótesis y habrá que esperar qué sucede con el tiempo.


¿Más o menos cuándo podríamos saber cuánto dura la inmunidad de la vacuna?

A finales de este año tendríamos cortes en estudio de tamaños grandes con más de un año de aplicación de vacunas. Ahí tendríamos una buena respuesta. Porque al tercer trimestre cumpliríamos un año desde que se iniciaron las pruebas de las vacunas. Cada mes que pasa es un mes que ganamos. Si la inmunidad no se cae, es un mes que tenemos de prueba de que sí dura. Sería muy extraño que se caigan drásticamente los niveles de anticuerpos. Pero ahí habría que esperar a los estudios concluyentes y también hay que tener en cuenta las variables y posibles intereses de los implicados. Por eso es clave la evaluación de los estudios realizados y publicados por las farmacéuticas y compararlos con los estudios hechos de forma independiente, que por supuesto se demoran más porque cuentan con menos recursos de financiación en comparación a los de las farmacéuticas.


Sabiendo que en este momento es muy precipitado decirlo, si llegase a tocar reforzar la vacuna de forma anual ¿habría esperanzas de salir de esta crisis de salud pública mundial y volver a la normalidad?

Los resultados de Israel nos dan mucha esperanza. El país está en cero muertes y los casos se mantienen por debajo de los 20 diarios. La apertura del Reino Unido también dictará la pauta de lo que sucederá con los comportamientos de las cifras. Ojalá conservemos lo que hemos aprendido de esta pandemia. De manera gratamente sorprendente, hemos encontrado que la tasa de mortalidad infantil ha caído de una manera impresionante. Los niños con malformaciones congénitas están muriendo mucho menos que antes por la protección a los virus que se genera con el uso del tapabocas, el distanciamiento y el lavado de manos. Ojalá cuando termine la pandemia conservemos algunas de estas medidas, sobre todo con niños y personas con comorbilidades para seguir reduciendo los riesgos de contagios de distintos virus que aumentan las tasas de mortalidad de estas personas.


Teniendo en cuenta todo lo analizado anteriormente, ¿cuál es el balance de lo que está sucediendo con la vacunación en Colombia?

Con el aplazamiento de las segundas dosis no hay un riesgo individual de pérdida de efectividad de la primera. Pero sí hay un riesgo público porque el aplazamiento hace que tengamos personas expuestas durante más tiempo a que si se hubiera puesto la segunda dosis en menor tiempo, que habría generado mayor protección. El problema de correr la dosis al día 84 es que a pesar de que ese día se genera mayor inmunidad (según los estudios que no son concluyentes aún), entre la primera y la segunda dosis hay un espacio mucho más prolongado sin altos niveles de protección, lo que se traduce en seguir teniendo altos niveles de población en riesgo. Es un ajedrez. Es complejo saber qué puede ser mejor en un momento de crisis tan fuerte. El retraso de las vacunas definitivamente retrasa el plan de vacunación. No es un riesgo para la salud individual. Pero en la salud pública, retrasar la segunda dosis sí tiene un efecto que hará que sea más demorado llegar a la inmunidad de rebaño y por tanto acabar con la saturación del sistema de salud.


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