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Un dejavu de promesas vacías

Las consultas interpartidistas del pasado 13 de marzo dieron como favoritos, nuevamente, a los dos candidatos que representan dos modelos antagónicos. Similar al escenario del 2018, nos enfrentamos a una elección de candidatos aferrados a narrativas polarizadoras y lejos de propuestas contundentes y realistas para la solución de las problemáticas del país. A continuación, un análisis de la factibilidad de sus propuestas, el balance de sus proyectos en la alcaldía de Bogotá y Medellín respectivamente y las razones por las cuales ambos representan un dejavu de polarización y promesas vacías, similar al escenario de la segunda vuelta presidencial del 2018.




Gustavo Petro ha sido enfático, sobre todo, con su propuesta de un modelo económico diferente con enfoque de modernización e industrialización agraria. Reformar el Banco de la República, desligarse del carbón y del petróleo, eliminar los estratos sociales y poner aranceles a las importaciones son algunas de las ideas más polémicas del candidato favorito en las encuestas para ocupar la Casa de Nariño. Para el análisis de las implicaciones que tendrían las ideas del ex alcalde de Bogotá, este medio entrevistó a la directora del Programa de Economía y Finanzas Internacionales de la Universidad de la Sabana, Ana Maria Olaya.


Empezando por el caso del petróleo. No solo la de suspender toda nueva exploración de hidrocarburos, sino la de suspender la exportación de crudo. Según el diario La Republica, solo para el 2022 Colombia espera ingresos de 7,5 billones de pesos producto de la extracción de petróleo. Sin embargo, por el alza de precios del crudo en los mercados internacionales, esos ingresos podrían incrementarse hasta en 500.000 millones, según cálculos de algunos expertos. En Colombia, los hidrocarburos aportan el 3,3 por ciento del producto interno bruto (PIB), en tanto el petróleo representa el 40 por ciento de lo que Colombia le vende al mundo.


Según Ana Maria Olaya, la propuesta de Gustavo Petro “conduciría a una crisis económica sin precedentes, teniendo en cuenta que la economía colombiana tiene una enorme dependencia con respecto al mismo y la deuda pública está en 53.1% eso es una deuda extremadamente alta. El gasto público ha venido aumentando desde los 90 hasta el punto en que los últimos años el gobierno pide préstamos para pagar intereses. La calificación empeoró y el desempleo y la informalidad siguen creciendo”. Además, a nivel regional los efectos son gigantes, dado que los minerales tienen un gran peso en el PIB de varios departamentos del país, donde la producción de petróleo tiene amplia participación.

Realmente no hay forma de sustituir el ingreso significativo que representa, por lo que la transición energética debe darse, pero de forma progresiva.

La carestía desatada en los precios de los alimentos es otro de los principales problemas en Colombia. El 30 por ciento de los alimentos que llegan a la mesa de las familias tienen algo del costo de la importación, con el dólar manteniéndose por encima de 3.900 pesos. Ante ese panorama, Petro habló de proteger la producción nacional, imponiendo aranceles a ciertos productos importados. Sobre esto, Olaya explicó que si bien el diagnóstico de Gustavo Petro sobre la escasez de un aparato productivo eficiente en el país es correcto, la solución de la baja producción y alta importación no son los aranceles. “Evidentemente se debe hacer un aparato productivo eficiente, suficiente y competitivo. Pero una vez haya aranceles al maíz, al arroz, al trigo que vienen de allá, los países inmediatamente van a poner trabas a las exportaciones colombianas. Es echar para tras tratados de libre comercio. Además el costo social es muy alto porque si él pone aranceles y no tenemos un aparato productivo consolidado, no tendremos oferta suficiente para el autoconsumo, va a haber escasez de producto y los precios se comerán al país”, concluyó Olaya.


La eliminación de los estratos sociales pondría en peligro la política de la solidaridad entre estratos que permite que el sobreprecio cobrado a los estratos más altos para rebajar las de los más pobres dejen de existir. Ana Maria Olaya afirmó que para que la eliminación de la estratificación sea fructífera, habría que crear un sistema en el que “los ingresos y los gastos de todos los colombianos sean iguales ya que este sistema se creó a mediados de los años 80 para garantizar el acceso de todos los colombianos a los servicios básicos como el agua, la electricidad y el gas”.


Por otro lado, Gustavo Petro afirmó que, en caso de llegar a la Presidencia, haría cambios profundos en la estructura del Banco de la República. Esto bajo el argumento de que este ha perdido su independencia. Según Petro, “La Junta Directiva del Banco pertenece a un partido político, el Centro Democrático”. Por ello, propuso nombrar a “gente cercana a la sociedad, por ejemplo, las organizaciones productivas del país deberían tener presencia en el Banco de la República, a lo que Mauricio Santamaría, presidente de la Anif (Asociación Nacional de Instituciones Financieras) dijo que lo que propone Petro es "engañoso, peligroso y surge de una clara ignorancia sobre el tema” pues el Banco de la República ha cumplido con su deber constitucional ya que el país lleva dos décadas con inflación de un solo dígito.


Además de señalar que traer la participación otros actores a la Junta Directiva traerá el efecto contrario y se garantizará la pérdida de independencia, Marcela Eslava, decana de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, afirmó que también traería resultados nefastos el no contar solo con personal técnico. Pues, según Eslava, esa experiencia ya la tuvo Colombia y los resultados fueron desastrosos. Incluso, propiciaron que la inflación llegara a niveles del 30 por ciento.


Finalmente, la gestión de Petro en Bogotá con los constantes enfrentamientos con sus propios secretarios del distrito y con sus opositores en el Concejo, develaron su antitecnicismo, su incapacidad de reconocer errores y su incompetencia para mantener un equipo. Además, Gustavo Petro se jacta constantemente de su desempeño como alcalde de Bogotá. Habla de un cumplimiento del 80% de las metas, y en realidad fue del 57% según la Veeduría.


Ahora bien, el opositor principal de Gustavo Petro, Federico Gutierrez, se ha dedicado a la repetición de lugares comunes, a decir que el proyecto de Petro busca socavar la democracia, pero no ha dicho cómo logrará su propuesta de desarrollo económico, ni con qué herramientas. Tampoco ha desarrollado su propuesta de cerrar las brechas sociales y más allá de clichés, no ha hablado de cómo desarrollará la industria y cuál será el enfoque de su propuesta en educación. Esencialmente ha reiterado que la seguridad es su bandera, sin mucho que proponer más allá del populismo punitivo que ya utilizaba en su alcaldía en Medellín: “duro con los criminales, suave con las personas”.


A Fico le decían el shérif en Medellín por su afán de persecución a los delincuentes. Aunque alardeaba de salir en su “ficóptero” en busca de bandidos, lo cierto es que al salir de la alcaldía de la capital antioqueña, los casos por homicidio se triplicaron. Según expertos, el Bell 407 que sobrevoló los cielos de la ciudad y sus alrededores en busca de los principales criminales con el objetivo de ayudar en la desarticulación del crimen organizado costando alrededor de $155.520.000 al año, sin contar los costos de revisión y mantenimiento, no ayudó significativamente en la disminución de delitos. Pues el monitoreo desde el aire no fue suficiente para desmantelar de fondo las estructuras criminales que operan en la ciudad.


El ‘alcalde de la seguridad’, el ‘súper fico’ se rajó en todos los indicadores de seguridad, su bandera principal. De acuerdo con la Veeduría Ciudadana, la tasa de asesinatos por cada 100.000 habitantes aumentó de manera consecutiva durante su alcaldía: 544 muertes violentas en el 2016, 582 en 2917 y 632 en el 2018. Asimismo, la meta del plan de desarrollo 2016-2019 se planteaba la reducción concreta de 5 puntos respecto a la tasa de 20.5 entregada por Anibal Gaviria, sin embargo, de acuerdo con el informe de diciembre del 2019 del Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia (SISC), la tasa de homicidios se acercó a los 23 homicidios por cada 100.000 habitantes. De igual forma, el hurto a personas creció de 307.2 casos por cada cien mil habitantes en 2015 a 779.31 en 2018 y los delitos sexuales pasaron de 57.3 por cada cien mil habitantes en 2015 a 69.49 en 2017, según datos de la misma administración municipal.


Por otro lado, Federico Gutierrez es conocido por su ‘bacanería’ y cercanía con la ciudadanía. En reiteradas ocasiones presume su éxito como alcalde al 85% de favorabilidad con el que terminó su alcaldía. Sin embargo, es esencial entender que Fico tuvo estrategias publicitarias muy fuertes para construir esa imagen favorable. Pues, según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) , Medellín fue la ciudad que más gastó en publicidad propia durante la alcaldía de Federico Gutierrez. Su pauta fue casi el doble de la del alcalde de Barranquilla, Alejandro Char (68 mil millones) y el 30 por ciento más que la de Bogotá (91 mil millones durante la alcaldía de Enrique Peñalosa), pese a que Bogotá tiene un presupuesto general cinco veces mayor que el de Medellín. Entre el 2016 y el 2017, Federico Gutierrez gastó más de 130 mil millones de pesos en publicidad oficial.


Además de que el 71% de la contratación total fue asignada a través de la contratación directa, es decir más de 90 mil millones asignados a dedo, el presupuesto utilizado no solo fue el asignado para publicidad. Por ejemplo, según la Flip, en el contrato con Telemedellin, por más de 6 mil millones de pesos para la elaboración de una estrategia de comunicación, se obtuvieron recursos de rubros que llevan por nombre mantenimiento y rehabilitación de la malla vial infraestructura asociada, construcción y sostenimiento de ciclo rutas. Es decir, que para aumentar los recursos de publicidad, la ciudad dejó de invertir por lo menos 250 millones de pesos destinados para el mejoramiento de la estructura vial. Como si fuera poco, según lo publicado por la “Silla Paisa” a mediados del 2017 el estratega de redes sociales de la alcaldía ordenó a un equipo de la Secretaría de Comunicaciones, crear cerca de 200 perfiles falsos en Twitter que se encargaron, desde entonces, de promover las campañas del Centro Democrático y de atacar a Petro.


Es evidente que la alcaldía de Fico gastó grandes sumas de dinero en promocionar la imagen positiva del alcalde en medios de comunicación con alcance nacional e internacional. Algo que va en contra de lo establecido por el Estatuto anticorrupción en el que está expresamente prohibido que los mandatarios usen los recursos de publicidad para promocionar su imagen personal. Y, aunque el secretario Jorge González le dijo a la Flip que el gasto de esos años no superaba los 15 mil millones de pesos, la fundación encontró que la cifra total fue, por lo menos, ocho veces mayor.


Las primarias esbozaron un panorama, que si bien fijó el mapa político y es decisivo para las alianzas para primera vuelta, no es definitivo ni contundente. El reto para el centro está en acabar con el silencio abrumador del abstencionismo. Pues, aunque hubo mayor entusiasmo el pasado 13 de marzo por la novedad de las consultas interpartidistas que convirtieron esta jornada en una especie de Primera vuelta, no hay nada definido y las próximas semanas serán cruciales. Es evidente que la Coalición de la esperanza tuvo un duro golpe con una votación total de 2 '287.603 de votos, la más baja entre las tres coaliciones. Sergio Fajardo, el ganador de la coalición, tuvo menos votos (723.475), incluso, que la segunda votación más alta del Pacto Histórico, Francia Márquez (785.215).


Quizás el error más grave que cavó la tumba del centro en estas primeras elecciones para ‘medir el aceite’, fueron las constantes peleas, ataques y la incapacidad de afianzar un liderazgo unificado con propuestas contundentes. Pero nada está acabado. En un país donde, según las encuestas, la mayoría de la población se identifica lejos de los extremos, y en un escenario de promesas vacías o peligrosas como el que representan Gustavo Petro y Federico Gutiérrez, el centro tiene una nueva oportunidad de renovarse, unificar discursos y reconfigurar su campaña para remontar en la primera vuelta presidencial.


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