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  • Sofia De La Espriella

Vuelve la esperanza

En medio de una nueva oleada de coronavirus con un crecimiento alarmante de infectados en Europa y Estados Unidos, los resultados positivos de las vacunas desarrolladas por Pfizer y Moderna contra el Covid-19, le devuelven la sonrisa al mundo.

Justo cuando una nueva oleada de infectados obligaba a Europa y a Estados Unidos a volver a tomar medidas restrictivas para controlar la pandemia, la farmacéutica estadounidense Pfizer anunció que su vacuna parece tener 90% de efectividad. Una semana después, Moderna, farmacéutica estadounidense también, publicó que los resultados de la vacuna en su desarrollo arrojaron una efectividad del 95%. Los resultados llegaron luego de dos fases previas. En esta última y cerca de culminar, 30.000 personas participaron en las pruebas de Moderna y más de 43.000 personas en las de Pfizer, por lo que parece que estas dos vacunas serán las primeras en llegar a principios del 2021 para acabar con la crisis mundial. Sin embargo, hay muchos retos aún por resolver. Incluso, frente a esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó que una vacuna no bastará para que el mundo derrote el Covid-19 y pidió cautela.


Ambas vacunas presentan retos diferentes por sus características propias. Curiosamente, ambas usan tecnología del ARN mensajero. Las vacunas convencionales se pueden elaborar a partir de virus inactivos (polio), atenuados (sarampión, fiebre amarilla) o simplemente proteínas llamadas antígenos (hepatitis B). Pero con la de Pfizer y Moderna, inyectan en el cuerpo hebras (hilos delgados) de instrucciones genéticas bautizadas ARN mensajero, es decir, la molécula que le dice a nuestras células qué hacer. En ningún momento requiere inyectar el virus SARS-CoV-2, ni siquiera inactivo, por lo que no hay necesidad de cultivar un patógeno en el laboratorio, pues el organismo mismo hace la tarea. “Este avance genera mucha alegría porque nunca antes se había utilizado esta tecnología y si continúa esta tendencia de efectividad, quedará para futuros desarrollos de vacunas porque además, estas vacunas se desarrollan más rápidamente que las convencionales” nos contó Ignacio Manuel Zarante, doctor y profesor genetista.


Aunque es muy positivo que los resultados de esta última fase demostraran un nivel de efectividad mayor al 90%, aún son resultados preliminares y no finales. Eso quiere decir que aún hay muchas incógnitas por resolver y pruebas a las que someterse para ser aprobadas. Cuando millones de personas reciban sus dosis, los investigadores sabrán con mayor certeza la efectividad de la vacuna contra el virus, sobre todo cuando este está afectando el cuerpo de forma severa y sus posibles efectos secundarios a largo plazo. Aún queda mucho por saber y solo el tiempo resolverá muchas de las dudas.


Pfizer inició la fase tres en julio. De los 44.000 participantes, la mitad recibió la vacuna (dos dosis con tres semanas de diferencia) y la otra mitad recibió un placebo de agua con sal. Después de casi cinco meses, 94 de los 44.000 participantes se enfermaron de Covid-19, pero de ellas no han dicho cuántas recibieron la vacuna y cuántas el placebo, lo que sugiere una efectividad de un poco más del 90%.


Moderna también inició sus pruebas de fase final en julio, con 15.000 personas que recibieron la vacuna, también con 28 días de diferencia entre dosis y 15.000 agua con sal como placebo. Este mes anunciaron que 95 personas de este estudio se contagiaron del virus y fueron sintomáticas pero de ahí solo cinco recibieron el verdadero tratamiento, las otras 90 recibieron el placebo. Las conclusiones son positivas, hasta ahora, y el verdadero desafío ahora no solo está en su eficacia sino en su distribución, fabricación y almacenamiento.


Algunos han resaltado el almacenamiento en temperaturas bajas como uno de los problemas que afronta la campaña de vacunación masiva en el mundo. La vacuna de Pfizer requiere permanecer en temperaturas muy bajas, -70° C hasta el momento de inyectarla. Eso representa un grave problema a la hora de transportar las dosis, especialmente en áreas remotas y países en desarrollo, pues no existe un contenedor para transportar que guarde esa temperatura. La farmacéutica declaró que será una tarea difícil mas no imposible y desde hace un tiempo se concentró en desarrollar una caja de tamaño estándar donde caben hasta 5.000 dosis, que logra mantener la temperatura correcta durante 10 días (completamente sellada) gracias a su empaque con hielo seco y un dispositivo GPS. Sin embargo, producir estas bolsas de forma masiva también es todo un reto debido a su complejidad y al costo económico.


La vacuna de Moderna no necesita permanecer a una temperatura tan extrema y entrega más esperanzas en el proceso de distribución. Según la farmacéutica, su vacuna “mRNA-1273” se puede mantener entre los 2° C y los 8° C, la temperatura de un refrigerador estándar, durante 30 días. Incluso, esta vacuna parece mantenerse durante seis meses a -20° C y alcanza a durar 12 horas a temperatura ambiente. Además, desde hace unos meses, varias de las compañías de logística más grandes del mundo han expresado su compromiso con el desarrollo de nuevas tecnologías para la difícil tarea de transportar las vacunas alrededor del mundo. UPS, FedEx y DHL, por ejemplo, han invertido miles de millones de dólares en nuevas instalaciones en sus centros de distribución diseñadas con sensores térmicos y congeladores especiales en capacidad de mantener temperaturas de -80° C.


Según Covax, una alianza de varias organizaciones y gobiernos centrada en la distribución equitativa de vacunas a nivel mundial, este tipo de misiones complejas han resultado viables en el pasado. Por ejemplo, la vacuna del Ébola requiere un almacenamiento similar de entre -70° C y -80° C, y aún así lograron vacunar más de 300.000 personas en la epidemia reciente de la República Democrática del Congo. A pesar de que distribuir la vacuna dentro de un solo país para contener un brote es mucho más fácil que hacerlo de forma global, hay luz en el camino. Tanto la Organización Mundial de la Salud como Unicef llevan años instalando almacenes de frío en países con menos recursos. “Mundialmente empresas, organizaciones y gobiernos están trabajando de forma conjunta para lograr solucionar todos los retos que significa esta logística. Mientras se busquen distintas alternativas colectivamente, se trabaje de la mano de la ciencia siempre y sin dejar las medidas de precaución para contener el virus estos meses, la esperanza puede mantenerse intacta” le dijo el doctor y profesor Ignacio Manuel Zarante a Hechos del Mundo.


Los expertos esperan que a principios del 2021 empiecen las campañas de vacunación masiva alrededor del mundo de ambas vacunas. Sin embargo, Pfizer solicitará en los próximos días que le autoricen su uso de emergencia. La farmacéutica espera producir 50 millones de dosis antes de que se acabe el 2020 para llegar a las 1.300 millones de dosis a principios del próximo año. España, por ejemplo, ya tiene un acuerdo por el cual recibirá 20 millones para comenzar a vacunar a sus habitantes en los primeros tres meses de 2021. Por ahora, Pfizer, antes de que finalice el año, tiene el plan piloto de distribuir su vacuna en cuatro estados norteamericanos seleccionados para abordar los retos logísticos. Escogieron Rhode Island, Texas, Nuevo México y Tennessee después de analizar y tener en cuenta sus diferencias en tamaño, diversidad de población, infraestructura de inmunización y necesidad de llegar a individuos en diversos entornos urbanos y rurales. Por otro lado, Moderna planea distribuir 20 millones de dosis en Estados Unidos antes de que finalice el año y tener 1.000 millones de dosis listas a principios del 2021 para distribuir al resto del mundo, en especial a Europa, en colaboración con los laboratorios de Rovi en Madrid.


Hasta la fecha, la OMS reconoce 154 proyectos de vacuna en fase preclínica. De ellos, diez están en la fase 3, previa a la comercialización. Hasta ahora, las potencias mundiales lideran la carrera: Estados Unidos, Rusia, China y Alemania. Los datos hasta el día de hoy sugieren que la ciencia logrará la hazaña de desarrollar la vacuna más rápida en la historia de la humanidad, y con esto la esperanza del retorno a la normalidad llena de optimismo al mundo. Habrá que llenarse de paciencia, cuidarse y mantener la esperanza en que los resultados continúen siendo positivos.

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